El alza del diésel vuelve a tensionar los costes del transporte frigorífico en Europa

El fuerte encarecimiento del diésel en Europa añade presión a las empresas de transporte frigorífico por carretera, que deben mantener servicios continuos para garantizar el abastecimiento de alimentos, medicamentos y otros productos sensibles a la temperatura. El combustible acumula una subida del 7% en apenas dos semanas y ya supera los dos euros por litro en ocho países de la Unión Europea.

El precio medio ponderado del diésel en los 27 Estados miembros de la Unión Europea se situó el 16 de julio en 1,929 euros por litro, frente a los aproximadamente 1,80 euros registrados dos semanas antes. El incremento alcanza el 18% desde finales de febrero, cuando el precio medio era de 1,634 euros por litro. La situación es especialmente complicada en Dinamarca y Países Bajos, donde el combustible cuesta 2,24 euros, y en Alemania, donde alcanza los 2,18 euros. También se sitúa por encima de los dos euros en Finlandia, Bélgica, Italia, Irlanda y Francia. Este escenario afecta directamente a los operadores frigoríficos que realizan transporte internacional y atraviesan varios de estos mercados en sus rutas habituales.

El encarecimiento del gasóleo tiene una incidencia especialmente relevante en el transporte de mercancías a temperatura controlada, un segmento con costes operativos elevados y escaso margen para alterar rutas, retrasar entregas o detener servicios. Además del consumo del vehículo, las empresas deben garantizar el funcionamiento de los equipos de refrigeración durante el trayecto y, en muchos casos, durante las operaciones de carga, descarga y espera. La subida del combustible puede reducir rápidamente la rentabilidad de los servicios contratados con precios cerrados. Por este motivo, la actualización de las tarifas y la aplicación de cláusulas de revisión vinculadas al precio del diésel adquieren una importancia creciente para evitar que todo el incremento recaiga sobre el transportista. Esta situación afecta especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que disponen de menor capacidad financiera para absorber aumentos imprevistos de costes.

El repunte del diésel responde a una combinación de factores internacionales. Las dificultades para el tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz, la reducción de las exportaciones rusas y la menor disponibilidad de productos refinados están aumentando la presión sobre el mercado europeo. El barril de Brent pasó de 72,5 dólares el 3 de julio a 85,5 dólares el 17 de julio, una subida del 18% en dos semanas. Sin embargo, el diésel está aumentando todavía más rápido que el propio petróleo. En la mayoría de los mercados europeos, el precio del gasóleo está creciendo entre dos y cinco veces más que el de la gasolina. Los márgenes de refino del diésel se aproximan a los 70 dólares por barril y triplican ampliamente su media histórica. Para el transporte frigorífico, esta evolución introduce una fuerte incertidumbre sobre el coste de las rutas nacionales e internacionales durante la segunda mitad del verano.

El incremento del combustible coincide con la eliminación o reducción de algunas medidas públicas destinadas a contener los precios. Italia, Alemania, Polonia y República Checa han retirado o reducido varias de sus ayudas fiscales. En Países Bajos, la eliminación temporal del impuesto de circulación supondrá un ahorro aproximado de 300 euros por camión durante seis meses, mientras que el encarecimiento del combustible puede generar un sobrecoste similar cada semana. Otros países han optado por mantener o ampliar sus medidas. Irlanda ha prolongado hasta el 30 de septiembre su programa mejorado de devolución del gasóleo profesional, mientras que Portugal ha incrementado la devolución semanal de impuestos sobre los combustibles. La diversidad de medidas nacionales complica la planificación de las rutas internacionales, ya que el coste real del repostaje varía considerablemente entre países.

En España, el IVA de los carburantes volvió al 21% el 1 de julio. Este incremento se compensa durante julio con una reducción de 15 céntimos por litro en el impuesto sobre hidrocarburos. La rebaja disminuirá progresivamente hasta los diez céntimos en agosto y los cinco céntimos en septiembre. Además, las ayudas al diésel destinadas a los transportistas se han prorrogado hasta el 30 de septiembre. Estas medidas ofrecen cierto alivio temporal, aunque la evolución internacional del petróleo y del diésel puede reducir su efecto real sobre los costes de explotación. Para las empresas frigoríficas españolas que trabajan en rutas europeas, el impacto dependerá también del precio del combustible en los países de tránsito y destino.

La evolución del mercado dependerá principalmente de la duración de la prohibición rusa de exportar diésel y de la recuperación del tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz. Si las restricciones se prolongan durante agosto o se producen nuevas interrupciones en el suministro, los precios podrían continuar subiendo. La retirada de más ayudas nacionales aumentaría todavía más la presión sobre los costes. Ante este escenario, las empresas de transporte frigorífico por carretera deberán reforzar el control del consumo, revisar la rentabilidad de cada ruta y negociar mecanismos que permitan trasladar parte del incremento del combustible a las tarifas.

La prioridad será mantener la continuidad de la cadena de frío sin deteriorar todavía más unos márgenes empresariales ya sometidos a una elevada presión.

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